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BABELIA y yo

5 septiembre 2009

Me acabo de enterar de que este verano salió una crítica de mi novela “Niños rociando gato con gasolina” en Babelia (EL PAÍS). La he leído y me ha sorprendido mucho. ¡Qué bien esto de internet, que permite a los escritores contestar a los críticos! (de buen rollo, claro). Ahí va la crítica que salió:

portada niños rociando gato

Niños rociando gato con gasolina

Alberto Torres Blandina

Siruela. Madrid, 2009

191 páginas. 17,90 euros

NARRATIVA. EN ESTA NOVELA, Alberto Torres Blandina (Valencia, 1976) ha optado por desviarse del clásico relato de iniciación donde un único protagonista pasa de la adolescencia a la madurez superando un trauma. En su lugar, Niños rociando gato con gasolina retrata a tres personajes marcados por un mismo trauma pero con muy distintos grados de superación. Formalmente también ha introducido un cambio, al sustituir la primera persona que suele caracterizar este género literario por varias voces narrativas, incluyendo una omnisciente.

La historia nos traslada a los años setenta, cuando un grupo de niños a los que se cree superdotados acaba en manos de una secta religiosa. Con la aprobación de sus padres, los niños convivirán en un internado donde supuestamente se les educa para liderar la fase última y definitiva de revelación a la que se acerca la humanidad, de acuerdo con las creencias de la secta. El relato de los días del internado, con su final trágico y abrupto, se entrelaza con el presente de aquellos niños en el día que se cumplen los veinticinco años del trauma.Hasta aquí llega la información que habría sido necesaria para desarrollar la trama. El problema surge cuando se nos narran, además, los orígenes de la secta, los primeros escarceos amorosos de casi todos los personajes (muy en línea con el nuevo costumbrismo español), la breve existencia del internado y las vidas de sus trabajadores. A la larga, el volumen de información tangencial se hace demasiado gravoso para esta historia de unas pequeñas víctimas.

Fernando Castanedo

Lo que me extraña de este artículo es el hecho de que el crítico no se haya dado cuenta -o al menos esa sensación me ha dado- de que eso que él llama “problema” es el alma y la apuesta principal de la novela. A ver si consigo explicarme: viendo “Vacas” de Julio Medem, quedé impactado por una escena en la que la cámara nos va mostrando el bosque con un travelling. De pronto, durante apenas uno o dos segundos, vemos a dos personas haciendo el amor sobre la hierba, pero la cámara no se detiene, sigue adelante como si esa escena fuera sólo una más. Esa era la apuesta de la novela. Una historia importante contada por momentos no especialmente importantes, por anécdotas no necesarias, fragmentos de otras historias, vidas de terceros apenas implicados, detalles nimios pero reveladores. Una historia que se lee paseando tranquilamente por sus páginas, sin un rumbo determinado,  y no para llegar a la meta (de hecho en el primer capítulo cuento ya el final, dejando claras las intenciones y, para quien sepa entenderlo, la forma en que se debería leer). Me gustaría que los lectores la leyeran como una sucesión de pequeños relatos que, como por casualidad, conforman una historia mayor.

No sé, los críticos lanzan sus palabras y está bien que podamos responderlas. Entiendo la crítica desde una visión clásica de la novela como suma de partes necesarias, casi como si fuera una película en la que todo debe ser absolutamente relevante para llegar al desenlace, como una flecha lanzada al inicio del relato que va en línea recta hasta el final (creo que esto lo decía Poe en el XIX), pero mi novela no iba por ahí. Esta novela es una flecha que da vueltas y se entretiene de camino a la diana. Esta novela es un travelling donde la pareja que hace el amor tiene tanta importancia como el resto de cosas del bosque. De hecho es el bosque quien, por contraste, perfila sus figuras haciendo el amor.

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