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Cambios que dejan todo igual

23 septiembre 2009

muralla2WPTengo un compañero que siempre dice que las Cruzadas no han acabado todavía, que seguimos luchando por tener el control de Tierra Santa, que judíos, cristianos y musulmanes aún no han dejado de combatir por Jerusalén. Creo que tiene razón, que dentro de varios siglos, los libros de historia (si es que existe algo así) hablarán de las Cruzadas como algo que pervivió hasta el siglo XXI, o tal vez más allá, quién sabe, pues el conflicto israelí no tiene pinta de terminar nunca.

Miramos las Cruzadas como algo del pasado sin darnos cuenta de que intereses cristianos (EEUU), judíos (Israel) y musulmanes (Palestina y varios paises más) siguen disputándose la tierra donde tuvo la mala suerte de nacer Jesús de Nazareth. Mala suerte para la tierra, claro. Ese pequeña región que no levanta cabeza desde entonces por culpa de diversos fanatismos.

Haciendo hikking por la muralla china encontré a muchos trabajadores reconstruyendo las partes más afectadas por la erosión. El sol era abrasador y ellos, con la camiseta atada en la frente, ponían piedra sobre piedra. ¿Acaso desde el siglo III a. C., cuando se colocó la primera piedra para defenderse de las hordas mongolas, ha habido algún momento en el que no haya habido alguien trabajando en ella? muralla1WP

Los miraba y no podía más que pensar en una cadena jamás rota. En esos seres anónimos que eran otros seres anónimos, que ocupan el lugar que antes ocuparon otros, haciendo que todo cambie sin cambiar, como el río de Heráclito. Trabajadores mal pagados que trabajaban de sol a sol, aguantando las inclemencias del tiempo: los 40º en verano, las nieves del invierno, las lluvias torrenciales de la primavera y el otoño. ¿Por qué? Para que su imperio fuera fuerte. Al principio para ahuyentar a los extranjeros. Ahora para atraerlos. Qué importa. En el fondo da exactamente igual. La muralla china sigue reconstruyéndose y, probablemente, jamás dejen de trabajar en ella esos hombres: otros pero los mismos.

Comencé a pensar en la historia, en cómo miramos al pasado y lo percibimos como algo acabado cuando -en la mayoría de los casos- todo sigue exactamente igual. Han cambiado algunos nombres, eso sí, como si al cambiar los nombres algo cambiara (Pol Pot quiso hacer algo así, pero  al final como no pudo acabar con los nombres acabó con la gente que los pronunciaba). Ya no se extermina en nombre del dios Sol, sino de otros dioses sin nombre -Dios, Alá y Jehová son la misma palabra: dios-; los emperadores son grandes trusts empresariales y los esclavos, asalariados del tercer mundo que apenas ganan para comer; en el nuevo Eldorado hay petróleo y gas natural; y puedes visitar las nuevas colonias comprando un paquete turístico a Las Maldivas, por ejemplo.

No sé, nada cambia. Salvo  los cortes de pelo y los zapatos, quizá. Aunque las modas vuelven, no nos olvidemos.

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