libros que recorren paisajes

Hace unos años fui a recorrer el Danubio en bicicleta. Fue fantástico.  Pedalear durante días junto al río, sin saber nunca qué paisaje iba a encontrarme al día siguiente: pequeños pueblos de cuento o elegantes capitales centroeuropeas, bosques verdes o kilométricos campos de maiz. Una gran experiencia llevar en una bici todo lo necesario para vivir y avanzar sin saber en qué punto del camino pararás a descansar, en cualquier lugar que te guste y haya una casa particular en cuya puerta esté el cartel verde FREI que indica que hay habitaciones libres para los viajeros.

Pasé por Ulm, desde cuya torre de la iglesia se lanzó un día un sastre cuyo sueño era volar y para ello se había construido unas alas (obviamente no sobrevivió), por la preciosa y medieval Regensburg, por Amstetten o Mathausen, ambas ciudades trágicamente conocidas. Para finalmente llegar en bicicleta en la señorial  Viena, donde acabó el tiempo de vacaciones y por lo tanto viaje. No así el Danubio, que continúa por varios países (y al que algún día seguiré de nuevo, esta vez hasta su desembocadura en el mar Negro).

Ahora, leyendo Danubio de Claudio Magris revivo un poco aquel viaje y me pregunto por qué no llevé conmigo este libro.  Suelo escoger mis lecturas conciezudamente cuando viajo: Kazantzakis en Creta, Griaule en Malí, Bowles y Goytisolo en el Sáhara, Rey Rosa en Guatemala, Mishima en Japón  o Auster en New York, por citar algunos.  Sin embargo ni siquiera recuerdo qué llevaba en mi ruta por el Danubio, así que obviamente elegí mal, pues los lugares por los que paso suelen quedar asociados a lo que leo en ello.

Hubo un libro cuya experiencia lectora está profundamente ligada a mi experiencia vital. El viaje era el transiberiano y el  libro es Miguel Strogoff, el correo del zar, de Jules Verne. Es una novela de aventuras típica de Verne, pero el recorrido de Miguel Strogoff es casi axacto al que recorre actualmente el tren transiberiano, que fue construido sobre el antiguo camino de postas. Cada día leía la novela y seguía el camino del cartero del zar por Siberia, primero en mi imaginación y, al día siguiente (pues Miguel siempre parecía llevarme un día de ventaja) veía el paisaje correr por la ventanilla del tren. Y ahí estaba esa montaña, o esos páramos, o esa ciudad en la que el héroe acababa de meterse en líos.

Qué ganas tengo de volver a ponerme en ruta…

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Una respuesta to “libros que recorren paisajes”

  1. Yo, la Reina Roja Says:

    ¡Pero qué post tan bonito y rico!

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