traficando joyas en JAIPUR

Las ciudades del Rajasthan indio

se conocen por sus colores. Había visitado la ciudad azul (Jodhpur) y la ciudad amarilla (Jaisalmer), pero mi tiempo se estaba acabando y sólo tenía tiempo para una última visita: ¿la ciudad blanca o la ciudad rosa? Elegí Jaipur, la ciudad rosa. Primer error.


Llegué a Jaipur de buena mañana. Como no llevaba guía de viaje pedí al joven conductor del motorickshaw que me llevara a un hotel de mochileros que estuviese más o menos bien. No contaba con mucho tiempo y Jaipur es una gran ciudad, así que acepté su ofrecimiento de hacer un tour con él esa tarde, a pesar de que las pegatinas de su motocarro no mostraban a ningún dios hindú (la experiencia me había enseñado que negociar con hindús era siempre menos complicado que con musulmanes y jainistas, más apegados a los bienes materiales y a los subterfugios para conseguirlos).

[nunca hables con bussines men]

En el hotel decidí tomarme un chai -té indio- antes de acostarme. Estaba muerto por el viaje. Un hombre se sentó a mi lado. En la india siempre hay hombres que se sientan a tu lado, así que no me sorprendió. Me habló de un negocio con su jefe, pero no lo entendí muy bien. Sólo quería que me dejara en paz para irme a la cama. Me invitó a una fiesta tradicional en el palacete de su jefe donde podrían explicarme todo con detalle.

-Mucho dinero -decía. Y yo le contestaba que sí, que mucho dinero, que bien, que me iba a dormir un rato, que el viaje me había agotado, que ya hablaríamos en el palacio de su jefe.

-Adiós.

Cuando estaba abriendo la puerta de la habitación dos turistas franceses se acercaron. Llevaban las mochilas al hombro, por lo que supuse que dejaban el hotel.

-Ten cuidado en Jaipur. Ten cuidado con los bussines men.

Se marcharon de la misma extraña forma que habían aparecido, en plan espectro de Hamlet, y yo me metí por fin en mi cuarto. Recordé que el tío del bar se refería a su jefe como un gran bussines man. No le di más importancia. Segundo error.

[hablando con bussines men]

El conductor del rickshaw resultó ser simpático. Me llevó a ver lo más interesante de Jaipur y sus alrededores. Todo auguraba una bonita despedida -criticar a los japoneses que bajaban del palacio Amber en elefante nos unió mucho- cuando me ofreció visitar la joyería de unos amigos suyos a cambio de rebajarme el precio del tour a la mitad. Ya sabía de qué iba aquello. Yo miraba anillos, mostraba un poco de interés por el género y él recibía una comisión. Me estaba quedando sin rupias, así que acepté.

-Pero no compraré nada.

Sonrió. No importaba. Se llevaría la comisión igual sólo por llevarme.

Entré. Los joyeros -uno gordo y otro con gafas de culo de vaso, con pinta de cómicos- me invitaron a un chai y estuvimos charlando un rato sobre la India, las diferencias culturales, mis impresiones sobre el país, etc. Cuando me relajé me lo soltaron a bocajarro.

-No te han traído aquí para que compres nada. Somos bussines men y queremos proponerte un negocio.

Sonreí encantado. ¡Por fin podría saber de qué iba aquello!

[los men me hablan del bussines en cuestión]

-Escucha, y si tienes alguna pregunta, te esperas a que acabemos.

-En la India hay un límite de exportación de joyas. Si lo rebasamos, las empresas tenemos que pagar grandes cantidades de dinero por tasas.

-Exacto, esto es un problema para los joyeros de Jaipur…

-Con una gran reputación y principales exportadores de Asia.

-¿Qué hacemos? Pues para librarnos de las tasas utilizamos a los turistas, que sacan del país piedras preciosas con factura, como si las hubiesen comprado.

-Siempre dentro de los límites legales, claro.

-Claro.

-Tú no debes pagar nada.

-Nada de nada.

-Te daremos las joyas, las facturas correspondientes y mil euros de adelanto.

Silencio. Querían ver mi cara. Fui rápido. Puse cara de cuando no sé que cara poner. Continuaron un poco desorientados.

-En el aeropuerto de Madrid un joyero español te estará esperando. Le darás las joyas…

-Y él te dará nueve mil euros más de comisión por las molestias…

-Las joyas valen muchísimo más de diez mil euros.

-Sí, sí, mucho más. Por eso lo hacemos…

Nuevo silencio. Nueva cara de no saber qué cara poner.

-¿Alguna pregunta?

Los miré. Estaban expectantes por ver mi reacción.

-¿Y no debo pagar nada?

-No. Nada de nada.

Tercer silencio. Me venció el humor negro.

-¿Y si me escapo con las joyas me matáis?

Ahora eran ellos los que no sabían qué cara poner. Segundos de tensión.

-¿Más chai?

Anotar en la libreta de viajes: los bussines men no tienen sentido del humor.

[grandes dudas, pequeñas investigaciones]

Yo les dije que sí, sin pensármelo mucho. Podía echarme atrás en cualquier momento, pensé. Se pusieron muy contentos. El conductor del rickshaw también. Su comisión se había multiplicado por diez.

-Pues nada, mañana a las nueve paso a por ti y venimos a prepararlo todo.

-Ok.

Y me dejó en el hotel. Me despedí y me fui directo a un cibercafé a poner en el google “timo jaipur joyas”. Después de una hora buscando no encontré nada. Si no está en Google no existe. Eso es evidente. ¿Y si no era un timo? ¿Y si era un negocio escondido del que se lucraban algunos turistas listos? Si era un negocio real se entendía el silencio a su alrededor. Si corriera la voz los turistas irían en masa a pasar joyas y las autoridades harían algo al respecto.

-Hola hola coca cola, amigo -me dijo el adolescente del ordenador de al lado -. Esta noche fiesta bonita. Música, chicas, fumar. En casa de bussines man. Tú invitado.

Joder, otro bussines man. Me fui de allí sin contestar. Para ser un negocio clandestino….

-Sí, todo es verdad -me dijo el dueño del hotel cuando le expliqué mi dilema existencial. Para mi sorpresa había descubierto que era el primero recomendado en la Lonely Planet, lo que me dio confianza para exponerle el caso.

.

La voz de que había un turista preguntando por el negocio de las joyas corrió rápido. En diez minutos tenía frente a mí a un indio vestido con una camisa blanca a lunares rojos. Supongo que era su atuendo para ganarse la simpatía de un español, aunque consiguió todo lo contrario. ¿Cómo hubiese aparecido si yo hubiese sido alemán? ¿Vestido de tirolés? ¿Con un kimono si hubiese sido japonés? Me entró la risa, pero él no se dio ni cuenta. Me preguntó cuánto me pagarían por el trabajo y me ofreció 1000 euros más si trabajaba para su jefe: otro bussines man muy fashion que llegó tan pronto como pudo en un gran coche con chofer. Era joven y hablaba como si todo lo que saliese por su boca fuese muy importante. Quedamos para el día siguiente a las ocho. Con el conductor de rickshaw había quedado a las nueve, así que había que madrugar para no encontrarnos con él, me dijo el bussines man fashion.

-Coge tus cosas cuando salgas. Te alojarás en un mi hotel. Uno mucho mejor. Si te voy a dar mis piedras preciosas quiero tenerte cerca hasta que cojas el avión. Entiende que no puedo fiarme de ti. No te conozco de nada.

Lo entendí.

-Entiende que no puedo fiarme de ti. No te conozco de nada. -le dije yo a él con una sonrisa. No le hizo gracia. Subrayar en la libreta eso de que los bussines man tienen poco sentido del humor.

No dormí ni una hora, intranquilo y con el pecho a punto de estallar.

[la mafia de jaipur copia a quentin tarantino]

A las ocho un gordo conductor de rickshaw estaba en la puerta del hotel. Apenas había podido dormir dándole vueltas al asunto y al levantarme estuve tentado de encerrarme en la habitación y no aparecer a ninguna de las dos citas. Pero el dueño del hotel estaba enterado de todo. Si no iba vendrían a mi habitación a buscarme. De eso estaba seguro.

O sea que aparecí. Me monté en el rickshaw y el conductor me dijo que le pidiese lo que necesitara: agua, comida, ir a algún sitio. Después me condujo a una fábrica abandonada. El bussines man fashion no aparecía, por lo que me llevó a visitar unos templos mientras tanto. Al volver había gente en la fábrica, pero faltaba el jefe, que les había dado indicaciones de ir a comprar comida para mí. En unos minutos tenía al menos cinco platos entre los que elegir y cuatro indios mirándome comer.

Las horas pasaban y yo empezaba a cansarme de ser traficante. Además el miedo se iba apoderando de mí. Lo que empezó como una broma se estaba convirtiendo en algo serio. Aquella fábrica abandonada no me daba buena espina, y mucho menos aquellos hombres pagados para que me sintiera cómodo. Sentí que sería difícil echarme atrás si veía algo fuera de lo normal. Porque ese era mi plan, avanzar mientras no sucediese nada que no me gustase. Pero todo se hacía muy largo y aquello empezaba a no gustarme. Estaba intranquilo y el bussines man no aparecía.

-¿Qué te pasa? -me preguntó el conductor al ver mi cara bastante pálida.

-Estoy aburrido -fue mi única respuesta. Entonces se levantó nervioso y dio un grito. Otro hombre apareció, encendió rápidamente su teléfono móvil, cargó un juego y sentándose a mi lado me enseñó a manejarlo. Era el Arkanoid. Yo impedía que la bolita se perdiese por la parte inferior mientras los mafiosos me miraban fijamente, con cierta intriga en sus ojos: ¿será suficiente para divertirlo?

Creo que a Tarantino le habría gustado esta escena, que mezclaba la tensión y el ridículo. Yo no sabía si echar a reír como un loco o morirme. Así que seguí jugando, con las manos sudorosas. Perdiendo todas las bolas.

[el trato se rompe y yo me quiero morir (antes de que me maten)]

Apareció el bussines man fashion y me llevó a su despacho, donde comenzó a preparar el paquete delante de mí. Le llevó cerca de hora y media seleccionar las piedras: esmeraldas, rubís, zafiros, etc. Y preparar la factura. Entonces me dijo que le dejara la tarjeta de crédito.

-No.

-Necesito tu tarjeta. La factura debe ser legal para poder pasar la frontera.

-Pues no.

Me miró enfurecido.

-Es tarde y no tengo tiempo. Dame la tarjeta y haré un pago desde ella. En menos de un minuto se te devolverá el dinero.

-No.

Empezaba a ponerse muy nervioso. Yo ya sabía lo que quería: nada de reír como un loco, morirme.

-Ayer te dije que ni dinero ni tarjetas de crédito – la voz me temblaba -. Tú me aseguraste que eso no era necesario.

-Lo entenderías mal. ¿Cómo quieres que hagamos la factura si no hay transferencia?

-Dame el dinero y te lo transfiero. Dame una tarjeta tuya y te lo transfiero.

-Eso no puede hacerse. Estoy muy investigado. La policía averiguaría que es mi dinero.

La discusión fue subiendo de volumen y su estado de nervios comenzó a asustarme. En más de una ocasión temí que me lanzara algo. Y por si fuera poco los gritos habían alertado a sus secuaces, que me miraban desde la puerta ahora abierta.

Sin pensarlo salí de la habitación. La mochila estaba junto a las escaleras. La cogí, la cargué al hombro y bajé corriendo. Oí los gritos del bussines man fashion y temí que salieran todos a buscarme y me cogieran dentro de la fábrica abandonada.

Salí a la calle y corrí hacia la izquierda. Me giré. Dos hombres salieron y subieron a un coche. El conductor de rickshaw corría detrás de mí. Me detuve para cruzar la avenida. El tráfico era caótico pero corrí hasta la mediana jugándome la vida. El conductor me gritaba desde el otro lado que volviese, que me llevaba donde quisiese, pero su voz daba miedo. Yo negaba con la cabeza. Mi corazón iba a mil por hora. La única solución era encontrar un taxi y escapar de allí.

Entonces lo vi. No pisaba el suelo. Flotaba por encima de él. Un viejo sonriente sobre un motorickshaw. Me vio y se detuvo al lado de la carretera.

Hello, my friend, what’s your name?

[mi ángel de la guarda lleva alpargatas y bigote]

Lancé la mochila al motocarro y subí casi de un salto. Al otro lado de la carretera el conductor seguía observándome y gritando algo que el ruido del tráfico no me dejaba entender.

-Rápido, a la estación de autobuses.

El viejo se giró.

-¿Cómo te llamas?

-Alberto. La estación de autobuses, por favor.

No parecía tener mucha prisa.

-¿De dónde eres?

-De España…

Pareció alegrarle mi respuesta, aunque no arrancó.

-¿España? Hola, hola Coca Cola. Amigo, ¿cómo estas?

-Bien, gracias.

-Oh, tengo muchos amigos en España: Mata, Calos, Iduado, Enquique, Kipo…

Interrumpí su catálogo de amigos españoles, seguro de que si seguíamos allí me alcanzarían y como mínimo me llevaría una paliza.

-Por favor, la estación de autobuses.

No quería mirar al otro lado de la carretera por miedo a que el conductor o algún otro hubiesen cruzado o estuviesen haciéndolo. Sólo quería que arrancase de una vez y alejarme de allí. Pero el conductor sacó su tarjetero y me enseñó varias direcciones de turistas españoles escritas a mano, además de algunos emails impresos.

-Mis amigos -me dijo. Y yo quería matarlo. Entonces me preguntó muy serio.

-¿Me escribirás un email?

Y sin poder evitarlo comencé a reír. El hombre se quedó mirando algo detrás de mí en silencio. No sé lo que vio pero arrancó sin decir ni palabra y un par de minutos después me dijo:

-Cuidado con bussines men. No negocios en Jaipur. Malos negocios.

-¿Qué sabes de los negocios de Jaipur?

Se giró y me miró.

-Mafia. Gente mala. No negocios en Jaipur.

Entonces añadió.

-Pero tú hombre afortunado porque estás conmigo. Conmigo nada pasar.

Lo hubiese besado en ese momento: para darle las gracias por esa sonrisa amarilla, por esa curiosidad que me saca de quicio, por ese parloteo incesante que apenas soporto, por esas bromas -hola hola coca cola- que me aburrían y ni siquiera la primera vez que las escuché me hicieron gracia.

No quiso hablar más del tema, a pesar de que intenté interrogarle para saber exactamente con quién me había metido. La estación de tren me pareció demasiado expuesta -si alguien me buscaba- y también la de autobuses, así que le dije que me llevara a una estación de autobuses privada. Esa misma noche iba a partir hacia Nueva Delhi. Quería alejarme de aquella ciudad y de aquellos hombres que, tal vez, fuesen a buscarme.

[con la de gente que hay en India…]

Llegamos a la estación de la línea privada y el viejo bajó a preguntar si quedaban plazas. La mala suerte quiso que en la puerta de la estación estuviese el joven conductor del día anterior, el que me metió en todo esto y yo había dejado tirado esa mañana. Con la de gente que hay en la India… Se acercó enfurecido:

-Te he visto con el otro hombre. En el rickshaw. Has ido a ver a otro bussines man. Te he esperado. ¿Por qué te has ido?

No supe qué contestar. Improvisé.

-¿El hombre que vino esta mañana no trabajaba para los bussines men que me presentaste? Él me ha dicho que sí, que tú no podías venir.

El conductor se quedó parado. Asintió comprendiéndolo todo y maldiciendo en voz baja. Su expresión se hizo más amable.

-Te han engañado. Pero todavía es pronto. Ven conmigo e iremos a ver a los bussines men.

-No, ahora no.

El viejo llegó y se quedó mirando muy serio al joven, al que parecía conocer.

-Págale y súbete conmigo -insistió-. En diez minutos estamos allí. El bussines man que has conocido es un mentiroso. Quería tu dinero. Pero con nosotros todo es legal.

El viejo arrancó sin ni siquiera preguntarme y se alejó de allí. Se giró.

-Mafia. Mafia mala.

Asentí. Estaba blanco. Le pregunté por el billete de autobús. No quedaban plazas.

-Lléveme entonces a la estación de autobuses de Jaipur.

[un final con arco iris]

Durante el camino me habló de la ciudad, de sus hijas, de lo que le encantaba su trabajo, conociendo gente de otros países: Mata, Calos, Juan, etc. Sus amenas y tranquilas palabras me fueron relajando. Cuando llegamos a la estación se acercó a preguntar.

-Hay sitio para las siete y media.

Sonreí y me bajé. Entonces sacó una tarjeta con su nombre: Ikram. Me dijo que si volvía lo llamase.

-Soy tu ángel de la guarda -bromeó. Y yo lo creí. Prometo que en ese momento lo creía.

Compré el billete y me escondí en un cibercafé hasta la hora de salida, entre las mamparas azules que separaban los ordenadores. El dueño del local, aburrido, cogió una silla y se sentó detrás de mí, a escasos cincuenta centímetros, para observar lo que hacía.

-Hola, me llamo Rainbow -dijo con un acento muy amanerado -. ¿Cómo te llamas?

Con Rainbow en mi espalda, haciendo preguntas de tanto en tanto, perdí el tiempo navegando por internet hasta que el autobús salió. A los quince minutos de trayecto mi corazón se fue relajando. ¡Había escapado de la mafia de Jaipur! Ni siquiera me importaba que el autobús me dejaría a las 3 de la mañana a las afueras de Nueva Delhi. Dormiría un poco y ya me preocuparía de eso más tarde. A las tres de la mañana, por ejemplo.

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7 comentarios to “traficando joyas en JAIPUR”

  1. Miquel Says:

    Muy buena tu historia, me he reido un rato, jejeje. Muy interesante y bien escrita.

    Pero… sabes que teniendo el Blog alojado en WordPress no lo podràs migrar ni sacar tus escritos?

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    Un saludo
    Miquel.

  2. VICENTE Says:

    Estuve allí. trapicheando piedras con mi amiga, negocio al que se dedica, desde hace años, de forma más o menos legal. El tráfico es seguro que se da aunque no a través de mochileros que dificilmente podrian justificar la compra. Todo tiene pinta de timo vía tarjeta de crédito. Tu pagas la factura y te llevas piedras de colores, cristales sin ningún valor.
    La historia tiene su gracia. Hasta dónde ibas a llegar y cómo saldrias.
    Y tal como dices en tu novela, los viajes se repiten. ¿Quién no ha huido de un conductor de rickshaw atravesando la calle hasta la mediana?
    Salud y literatura!

  3. Alejandro Says:

    Gracias por la historia!!
    En estos momentos me encuentor en Jaipur y hace horas me ofrecieron el mismo negocio. Estoy en la etapa de buscar en internet de q se trata..
    Creo q gracias a ti me voy a evitar algunos pasos..jaja!!

  4. Elizabeth suarez Says:

    wow, yo vivo en delhi , es mas tengo mi negocio de bventa de joyas aqui he ido un par de veces a jaipur, realmente no se que decir, ami nunca apasado eso, sin embargo tambien se de que en los mercaos mayoristas como chandi showk, te piden la tarjeta de credito, pero ningun banco admite eso hay muchos abusones, algunos malos negociantes supongo, hay otros que son legales, tengan cuidado, realmente tuviste suerte de escapar

  5. Lolo Says:

    Muy bonita tu historia, y muy bien explicada.

    A mi me paso algo parecido pero no profundice tanto como tu…. me eche atras antes. Me enseñaron email y comentarios de otros mochileros ….

    Supuse que el timo tenia que ser, que lo que llevaba yo, no tenia ningun valor.

    En Nepal tambien me ofrecieron eso, cosa que me extraño porque a raiz de eso hable con mas gente y todo el mundo me decia en Jaipur.

    Enhorabuena por la experiencia y que salieses vivo.

  6. Manu Says:

    Quiero felicitarte por la historia. Desde luego esta contada y escrita de forma muy envolvente.
    Me gustaría decir, que como en todos los timos, hay dos protagonistas, los timadores y quien pretende ganar dinero facil. Desde luego hay que tener cuidado con la codicia en todas partes del mundo, no solo en India. Yo he visitado Jaipur en 15 ocasiones, y he encontrado algunos timadores, pero por fortuna he encontrado más personas como el conductor que te libro de ellos. Desde luego Jaipur, es una preciosa ciudad llena de cosas buenas y alguna mala. Creo sinceramente que después de esa experiencia deberías regresar y disfrutar de la ciudad como turista.

  7. Lucas Says:

    Me paso lo mismo, pero al estar alojado en su hotel no pude escapar, hable con mi familia para que si al dia siguiente hacia un pago grande con visa, lo cancelaran… A mi por suerte de la llamada no me estafaron nada, perdi unos 200€ X gastos de cancelacion. Pero al llegar al final, te puedo decir los siguientes pasos.
    Una vez mandas el paquete, te dicen que otros turistas que hicieron lo mismo han abusado y la policia los a pillado, te asustan para que no te acerques a la policia y te cuentan que la mejor opcion para ti es abandonar el pais. Incluso me compraron el billete, que el pago total k les habia hecho era d 1000€(k yo sabia que estaba cancelado desde españa) por lo que su idea es quedarse con los 1000€ y ganan la diferencia de lo que vale un billete de vuelta(400-500€ hecho dia x dia).
    Asi que hiciste bien en escaparte, a mi lo que mas me dolio fue que aun me quedaba un mes de viaje y me lo perdi… Y al vivir en un pueblo todo el mundo se entero y preguntaban una y mil veces, creo que ahi es donde peor lo pase.

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