Mayoristas en CAPADOCIA [turquía]

Una vez me apunté con mi pareja a un viaje organizado por Turquía. Si soy sincero, no me arrepiento. Allí conocí a un curioso tipo de viajero que desde entonces denomino “dominguero”.

Extraños seres (o no tan extraños) que pueblan los viajes organizados

El dominguero lleva el maletero lleno para convertir cualquier lugar en un apéndice de su casa: su manta, su silla, sus mesas, su música, su DVD portátil… hasta la comida la lleva de casa en una fiambrera. Eso es exactamente lo que hacían la mayoría de los compañeros del viaje organizado. Llevaban sus ritmos, sus rutinas cotidianas y hasta sus propias estimaciones sobre la gente y el país que iban a encontrar. No intentaron cambiar ninguna de estas tres cosas. Exigían comida occidental y hasta se quejaron -y no era una broma- de que en los comercios la gente no hablaba bien español.

Por suerte nosotros sólo cogimos del tour las habitaciones y el transporte, por lo que hicimos y fuimos dónde nos dio la gana, sin notar demasiado la diferencia con otros viajes. Pero aún así era inevitable no sorprenderte. Primero de sus grandes maletas, excesivas para una semana. Después de su ansia consumidora, lo que les obligó a comprar más maletas. Y por último de su estrechez mental. No veían Turquía como un país, sino como una planta del Corte Inglés o un parque temático. No concebían que el país fuese así de continuo, sino que más bien tenían la sensación de que todo lo que hacían era por ellos, para llamar la atención de los turistas. La ropa, los productos de las tiendas, la comida… todo era puro marketing. En casa seguramente los turcos iban con vaqueros y deportivas y hablaban en perfecto castellano…

La dominguera por excelencia era una mujer bajita, de mediana edad con pelo corto de señora de mediana edad. La llamaré Isolina porque no sé su nombre y se parecía físicamente a Isolina, la madre de un amigo. Ninguno de sus comentarios tenía desperdicio. A veces era hasta insultante su falta de relatividad, pero era imposible echárselo en cara. Todo lo decía con una sonrisa, incapaz de darse cuenta de que a pesar de su fular de clase media alta y de sus fotos en la Muralla China o sobre un camello, era una verdadera paleta.

Apu tiene un kalashnikov

El guía era un joven llamado Apu, que se movía entre estos viajeros, sobre todo entre las señoras -a las que llamaba cariñosamente mi harén– como pez en el agua. Las halagaba, hacía bromas picantes y atendía cualquier petición, por absurda que fuese, con una sonrisa. ¡Quién fuese la protagonista de la “Pasión Turca”!, debían pensar las señoras en silencio.

En el viaje a la Capadocia, tras varias horas en el autobús, pudimos conocerlo un poco. Era kurdo y había estudiado turismo en España. Le estuvimos preguntando sobre la realidad kurda y se entusiasmó hablando de su pueblo, donde en las celebraciones se disparaba al aire con viejos kalashnikov, nos dijo. Habló también de una cultura dividida por las fronteras, de la guerra fría y de Irak. Con los ojos muy abiertos, contento de hablar por fin de cosas que realmente le interesaban.

Tanto se emocionó que durante el trayecto se levantó, cogió el micrófono y comenzó a hablar para todo el autobús. De Ataturk, que modernizó el país y cambió el alfabeto árabe por el occidental. De los problemas de una Turquía laica, donde las estudiantes tenían prohibido llevar velo en la universidad, cosa que chocaba con sus creencias religiosas y obligaba a muchas de ellas a llevar una peluca sobre el velo para disimular. Del petróleo y el gas natural que había en sus fronteras, sobre todo en la región del Kurdistán, lo que hacía que los americanos estuviesen financiando a la guerrilla kurda, en secreto, para que se alzase contra Turquía y apoderarse así del petróleo. Estaba realmente emocionado. Su voz era la de un orador, gesticulando, viviendo cada palabra. Dijo que alguien debería parar a los Estados Unidos, que su presidente era un borracho y no merecía ningún respeto porque…

Isolina, reina de los domingueros

En ese momento de máxima vehemencia nuestra amiga Isolina levantó la mano y la movió inquieta, como un niño, hasta que Apu detuvo su discurso y le dio la palabra. Me molestó su falta de educación. Estaba muy interesado en las cosas que nos estaba contando el guía, en primera persona, y quería seguir escuchando, pero por otro lado también tenía curiosidad por escuchar la pregunta de aquella mujer, a la que tal vez había subestimado. Isolina se levantó y dijo:

-Tengo una pregunta: ¿eso que hemos visto antes por la ventanilla eran campos de pistachos?

Apu ni siquiera entendió la pregunta: ¿cómo? ¿dónde? No estaba preparado para algo así. La señora se la repitió y el guía lentamente fue menguando su cuerpo, antes erguido y gesticulante, hasta adquirir su postura normal.

-Sí, eran pistachos- respondió.

No continuó con su interesante charla. Ni ese ni ninguno de los otros días en que compartimos autobús con aquel grupo de gente. Pocas veces he sentido tanto bochorno como español, porque a fin de cuentas las generalizaciones están a la orden del día y todo lo que Isolina hiciese repercutía en la imagen de los viajeros españoles, y por lo tanto de mí.

Capadocia, una región de cuento de hadas

El autobús llegó por fin a la Capadocia, en el centro del Turquía. Es una región de fisonomía espectacular, donde las rocas han construido su propio imperio. Acantilados, chimeneas de hadas, cuevas, conos o agujas convierten la zona en un curioso bosque de piedra, modelado por la erosión del viento y el agua. Debido a la fragilidad de estas rocas, en el pasado había más de treinta ciudades subterráneas, que se hundían hasta nueve pisos. Dotadas de respiraderos, caballerizas, cocinas, pozos de agua, etc., estas ciudades servían a los habitantes de la región para defenderse de las continuas invasiones, pues les era posible subsistir sin subir al exterior durante meses.

Pero no sólo en el pasado han aprovechado las peculiares características de la zona. Muchas de las grandes rocas que se elevan hacia el cielo han sido excavadas para construir casas-cueva todavía habitadas, a veces de hasta cuatro alturas. También hay muchas iglesias rupestres, donde se conservan frescos bizantinos. Las principales se pueden visitar pagando una entrada. Pero no nos fue difícil, perdiéndonos por entre cañones y chimeneas con un escalador al que conocimos en el hotel, encontrar pequeñas cuevas-iglesia alejadas de toda ruta turística. Vacías. Envueltas por el silencio más absoluto. Si Dios existe probablemente visita a menudo estas iglesias rupestres para disfrutar de un rato de tranquilidad.

Esa tarde el grupo se había ido con Apu a una cena con espectáculo. Nosotros, fieles a la regla recién inventada: intenta no ir donde vaya el grupo, reclutamos a otros viajeros tan hartos como nosotros de Isolinas y domingueros, e hicimos una excursión por nuestra cuenta, caminando sin rumbo por las solitarias carreteras y caminos que atravesaban los más espectaculares paisajes de roca. Cuando llevábamos unos cuarenta minutos andando escuchamos música proveniente de una aldea próxima. Curiosos nos acercamos y descubrimos que, en la plaza, todos los hombres cantaban y bailaban cogidos por el hombro y agitando un pañuelo. Las mujeres, sentadas en sillas, los miraban en silencio.

La vez que fui japonés

Nos detuvimos a observar a una distancia prudencial, detrás de las mujeres, pero una anciana, en alemán, nos invitó a acercarnos más. Siguió hablándonos en alemán durante un buen rato. Entendimos con dificultad que tenía un hijo en Alemania y por eso hablaba un poco el idioma. Ella no entendió por qué siendo occidentales nos costaba tanto hablar el alemán, así que si tardábamos en responder a alguna pregunta nos la formulaba más alto. En unos minutos todas las mujeres nos miraban a nosotros en lugar de a los bailarines, que por suerte acabaron su danza. Un joven de traje se nos acercó y nos dio la mano.

-Bienvenidos a mi boda.

Así que nos habíamos colado en una boda.

No nos dio tiempo a decidir. El joven nos pidió a los hombres -tres en total- que lo siguiéramos, mientras mi pareja y otra chica española eran rodeadas por un montón de mujeres de todas las edades. El novio nos llevó a una casa y nos dejó en una habitación llena de hombres con bigote, donde sólo había algunas sillas y un turco muy gordo con camiseta interior llena de manchas sentado en el suelo, rodeado de cacerolas y hornillos. Una especie de Jabba the Hutt bigotudo. Su cometido era hacer café sin parar.

Nos sentamos. Alguien me ofreció un cigarro y lo acepté. No fumo pero prefería no tener que decir que no a nada para evitar ser descortés. Después nos llegó una taza de café. Por suerte ya había probado el café turco, lleno de posos, y sabía que no debía tomar el último trago a riesgo de comenzar a escupirlo. Me libró de una comprometida escena. Un viejo nos preguntó en turco de dónde éramos. Cuando conseguimos entenderle le respondimos en inglés:

Spanish.

Supongo que a sus oídos spanish y japanese no se diferenciaban mucho, así que, muy orgulloso de estar allí con tres japoneses, comenzó a correr la voz. Desde ese momento, todos los que se sentaban a nuestro lado nos decían:

Japanese?

Y nosotros sonreíamos. Y entre gestos nos preguntaban cosas de nuestro país que respondíamos, o respondíamos cualquier otra cosa, pues a fin de cuentas no entendían inglés ni nosotros turco. Cuando me acabé el cigarro alguien se acercó y me echó colonia en las manos. Llegó una nueva taza de café. Querían que estuviésemos allí pero no sabían muy bien qué hacer con nosotros.

Ya era de noche. Los más jóvenes salieron fuera y los seguimos. Había una orquesta en la calle. Una curiosa orquesta con instrumentos turcos que tocaba los éxitos del verano en Turquía. Los jóvenes desaparecieron. Supongo que querían tomar raki o algún otro aguardiente y no querían hacerlo delante de los adultos. Beber alcohol en los países árabes no es fácil. A nosotros nos costó varios días conseguir probar el raki en Estambul: no se puede cerca de una mezquita, no se puede cerca de personas mayores,…

La novia triste

Preguntamos por las chicas y nos dijeron que se habían ido a vestir a la novia. Nos sentamos y esperamos a que llegaran. A su vuelta mi pareja nos contó que las mujeres habían ido al patio de una casa a las afueras de la aldea, donde estuvieron bailando alrededor de la novia, que fue vestida y maquillada -de forma bastante recargada según nos describieron-. Tuvieron que irse cuando algunos hombres comenzaron a escalar la pared del patio para, desde lo alto, hacer fotos a las chicas occidentales. La novia empezó a ponerse triste porque la habían desplazado del centro de la fiesta y acordaron salir de allí.

-A fin de cuentas es su boda.

Nos despedimos. Se acercaron algunos hombres y nos dieron la mano, repitiendo japanese, japanese e informándonos de que la fiesta continuaría al día siguiente. Supongo que en una diminuta aldea de una remota región turca, la diferencia entre un japonés y un español se relaja: ambos llevan cámara de fotos. Aunque nosotros no la habíamos sacado de la bolsa. No nos pareció apropiado sacar fotos de aquella celebración familiar.

Cuando llegamos, Apu estaba en el bar del hotel. Le contamos lo que había ocurrido. Nos dijo que la celebración duraría varios días. Por desgracia al día siguiente cogíamos el avión. Isolina nos contó emocionada que habían estado en un baño turco mixto.

-Os lo habéis perdido.

Yo no le dije que los baños turcos no son mixtos ni le pregunté cuántos turcos había en ese baño (¿ninguno?). Tampoco le dije que habíamos estado en una boda turca. Probablemente me hubiese preguntado qué sermón de las Biblia leyeron, cuánto arroz tiré o si mi pareja había conseguido el ramo de la novia.

Anuncios

Etiquetas:

2 comentarios to “Mayoristas en CAPADOCIA [turquía]”

  1. Josep Says:

    Hola Alberto,soy Josep de Barcelona.
    Estamos haciendo una página web sobre música,libros y cine.Hemos hecho un comentario sobre tu libro y nos gustaría hacerte una pequeña entrevista para publicarla en la web via mail.

    Esperamos tu respuesta

    Gracias!

  2. Aaron Says:

    Hola Alberto te escribo desde la Ciudad de Mexico y estoy haciendo un pequeño periódico para niños para escuelas primarias publicas, es posible que publiquemos una de tus fotos de este articulo, avisame si necesitamos algún tipo de tramite o papeleo, saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: