PARADISE BEACH (o el descenso a los infiernos gambianos)

mercadogambia irremediable

Nunca quisimos ir a Gambia. La idea era conocer Senegal. Pero cuando pierdes el ferry que va de Dakar a Casamance no tienes más opciones. O esperas tres días en Dakar hasta el siguiente ferry o atraviesas Gambia por carretera.

Dakar más que una ciudad es un gran atasco: coches, humo, pitidos, polvo, vendedores ambulantes, barro, gritos. Así que decidimos coger un taxi bush que nos lleve hasta Banjul, la capital de Gambia. De pronto hasta nos parece buena idea hacer un alto en alguna de las playas de Gambia. Pueden ser unas minivacaciones dentro del viaje. Sólo esperamos que todo lo que hemos escuchado sobre este país no sea verdad.

encuentro con Virgilio

Preguntamos a un taxista dónde coger el taxi bush para Banjul. Los taxi bush son taxis compartidos con un destino fijo. Es el transporte más común en África subsahariana. El taxista nos dice que el viaje es demasiado largo para hacerlo en un taxi bush. No le hace falta mucho para convencernos de que hagamos el trayecto con él, más anchos y sin paradas. Sinceramente, no nos apetece la idea de viajar durante diez horas apretados en un incómodo coche, y más con el calor que hace. Además, el taxista es muy simpático. Bromea y parece hablador. Negociamos. Al final llegamos a un acuerdo. Es mucho dinero para los precios de Senegal, pero una tarifa aceptable si lo pasas a euros. Nos abre la puerta de su taxi y subimos. No recuerdo su nombre. No importa. Lo llamaré Virgilio. Él será nuestro guía en este descenso hacia el sur, físico y metafórico sur.

virgilio abandona a los protagonistas a su suerte

Virgilio es majísimo. Nos cuenta cosas de África, de su vida, del idioma wolof: que si los baobabs son el árbol nacional que si quiere buscarse una segunda mujer porque la suya es muy pesada que si “no tengo dinero” en wolof se dice “abul jalesh” (la experiencia nos ha enseñado que es lo primero que se debe aprender de un idioma). kayukosNos hacemos tan amigos que lo invitamos a comer y le pagamos casi todo el dinero del trayecto para que ponga gasolina. Una hora después nos deja tirados en la estación de autobuses de Kaolack (en esta zona de África no hay trenes), a mitad del trayecto, con la única excusa de que está cansado y pronto se hará de noche. No nos devuelve ni un franco, claro está. Impotencia. Entre el ruido de la estación se escuchan insultos en español que nadie entiende. Estamos solos en medio del caos más absoluto.

No hay nada que odie más de los países en vías de desarrollo que las estaciones. En unos segundos nos rodean decenas de personas. Algunos quieren vendernos comida o relojes o tarjetas telefónicas. Otros quieren alguna moneda. Los otros quieren que elijamos su taxi bush y nos empujan dentro aún sin saber cuál es nuestro destino. Unos niños nos piden la botella de agua para vender el envase. ¡El reciclaje funciona! Como puedo, entre gritos, digo que voy a Banjul. Todos pueden llevarnos a Banjul, por supuesto. Sin fuerzas nos dejamos meter en un coche lleno. El resto del trayecto lo haremos en un taxi bush: apretados, incómodos y sudando como nunca.

la llegada a las puertas de Gambia y el encuentro con el cancerbero

¿Dije que no había nada que odiase más de los países en vías de desarrollo que las estaciones? Me equivoqué. Hay algo todavía peor. Las ciudades fronterizas. Todas tienen algo que asusta, obviando las mafias. Los mendigos están más sucios, las miradas son más duras y los funcionarios son más corruptos. Se ha hecho de noche y no hay apenas luz. Al instante de bajar del taxi estamos rodeados, cómo no, de muchas personas. Alguien estira de mi mochila para llevármela en un carrito. Se la quito de un estirón. Varias mujeres sacan fajos de billetes para cambiarnos los francos CFA en dalasis, la devaluada moneda nacional. Los taxistas nos ofrecen sus servicios. No hacemos caso de nadie. Seguimos al resto de pasajeros del taxi bush, luchando una y otra vez porque el porteador no nos quite las mochilas y el resto de personas nos dejen avanzar.

Al final llegamos al puesto fronterizo. Preguntamos y un policía nos indica que pasemos por una puerta. Dentro nos atiende otro policía. Nos pide el pasaporte. Se lo lleva. Minutos después aparece. Nos guía a un despacho donde un funcionario sonriente nos invita a sentarnos. Amablemente nos explica que debe hacernos unas preguntas, después de darnos la bienvenida a su país. De dónde venimos a dónde vamos por qué venimos a qué nos dedicamos etc. La conversación se alarga más de lo necesario. El funcionario, llamémosle Cerbero aunque sólo tenga una cabeza, no deja de sonreír con cada nueva pregunta. Nunca una sonrisa me ha dado mayor desconfianza. Al final nos deja marchar tras pagar las elevadas tasas. Tan elevadas que es una de las mayores fuentes de ingresos de esta excolonia inglesa.

Nunca entenderé la existencia de Gambia, cruzado en mitad de Senegal, verdadero grano en el culo para este país. Pero bueno, tampoco la de Suiza. Cosas que tiene el dinero, que decide más fronteras que las lenguas y las culturas.

espera en las llanuras de Asfódelus, hasta que se decida nuestra suerte.

El taxista que nos ha recogido va demasiado rápido. La carretera no está asfaltada y los faros apenas iluminan a un metro del coche. Dice que si no se da prisa no llegaremos al ferry de las nueve. Aún no ha acabado la frase cuando, a sólo un kilómetro del puerto, se detiene delante de una casa y sin decir nada entra en ella. Allí nos quedamos, solos, esperando sin saber qué hacer o decir. No nos es una situación desconocida. Hemos esperado a taxistas que paraban para tomar el te, para mear o que simplemente desaparecían, como este, sin dar explicaciones. Vuelve a los pocos minutos. Pisa a fondo de nuevo y nos deja en el puerto de Barra. El ferry a Banjul está saliendo. Corremos pero no logramos llegar a tiempo. Hay que esperar al de las once. No, perdón, nos informan que el de las once no saldrá. ¿Por qué? No hay razón. El caso es que no saldrá. Debemos pasar la noche en Barra.

Lo más parecido a una ciudad fronteriza es una ciudad portuaria. Nunca había estado en ninguna. Lo descubro en ese momento. No es un grato descubrimiento. Inevitablemente en unos minutos estamos rodeados de gente. De los que vienen a coger el ferry de las once y de los que vienen a hacer el agosto con los que vienen a coger el ferry de las once. Estos últimos nos ofrecen habitaciones, comida, relojes y hasta una piragua para cruzar el delta. Por supuesto no aceptamos. Unos australianos aceptan. Me pregunto si lograron llegar al otro lado en la oscuridad más absoluta y capitaneados por un niño de unos trece años. Cada vez hay más gente amontonada en el descampado frente al puerto. Almas en pena en este purgatorio: la llanura de Asfódelus (léase encharcado descampado de Barra). Busco a sus míticos habitantes. Sísifo es un niño que no se separa de nosotros y cada cinco minutos nos pregunta si queremos una habitación. No le respondemos pero allí sigue, exacto como un reloj, intentándolo una y otra vez. paradiseA Tántalo no lo veo. Pero hay demasiada gente, por ahí estará, deshaciéndose de los vendedores de relojes y tarjetas telefónicas.

Tras mucho esperar quién sabe qué (porque sabíamos que el ferry no saldría y sin embargo allí seguimos durante varias horas) aceptamos esa habitación del niño-Sísifo que no se ha movido de nuestro lado. Nos da a elegir. Un hostal para marineros y prostitutas o el hostal de al lado. Elegimos el de al lado.

el ferry de Caronte y el río del olvido

Normalmente Caronte aparece antes, pero bueno, en este infierno Caronte aparece ahora. Y en lugar de cruzar el río Estigia cruza el río Gambia. Después de casi una hora en la cola (decir cola es un eufemismo, es más bien una lucha por avanzar entre la multitud, que requiere los cinco sentido), conseguimos un ticket para el ferry. Comienza a llover. Amontonados partimos hacia Banjul. El óxido del barco. Las aguas oscuras y revueltas. Un amanecer gris. Pero por fin Banjul en el horizonte. Desde aquí podremos ir a cualquier playa a descansar. Nos lo tenemos realmente merecido. Un hombre nos escucha hablar en español y nos dice que es guía turístico para grupos de españoles. Trabajó muchos años de agricultor en Asturias. Es muy amable. Nos recomienda la playa Paradise Beach. Nos la sitúa en el mapa. Nos dice que vayamos de su parte al resort Paradise Beach y alquilemos una cabaña en primera línea de playa. Sonreímos por primera vez. Paradise Beach. Es casi una premonición de que nuestra suerte cambiará. El río Gambia, como el Leteo, nos hace olvidar el pasado. A partir de ahora sólo hay futuro: la playa del Paraíso.   

las almas buenas son llevadas a los divinos Campos Elíseos…

Da igual cómo llegamos a Paradise Beach. Da igual que los taxi bush nos llevaran de un lado para otro sin sentido alguno y que un viaje de una hora nos costara toda la mañana. Al final llegamos a la Playa del Paraíso. Cansados. No era como esperábamos. El día seguía gris -aunque ya no llovía- y la playa estaba desierta y sucia. Sólo algunos pescadores junto a los coloridos kayukos que nos miran extrañados. Vemos una tienda y nos acercamos a comprar un refresco. Un joven de aspecto reggae sale a nuestro encuentro. Nos da la bienvenida. Nos dice amablemente que blanco o negro no importa allí. Black or white are the same. Inside always blood is red. Nos dice que nos invita a marihuana y que me regala una pulsera que intenta poner en mi muñeca. Por supuesto decimos a todo que no. Así que, falto de imaginación, nos pide dinero por habernos conducido a la tienda a la que nos dirigíamos cuando nos asaltó. Nos negamos. Nos insulta en su idioma por no dejarnos timar. Blanco y negro lo mismo, claro.

…pero a nosotros nos llevan con las malas a la tenebrosa región del Tártaro

Nos alejamos de allí y un pescador adolescente se cruza en nuestro camino. Le preguntamos cómo llegar al resort. Nos lleva a un restaurante y nos dicta que primero llenemos el estómago y luego ya buscaremos una cama. Le decimos enfadados que no queremos comer, sólo dormir. Nos dice que podemos alquilarle una cabaña a su prima. Le decimos que no, que queremos ir al resort Paradise Beach. Le decimos también que lo buscaremos sin su ayuda, que thank you, you are very nice but bye bye. Nos dice que muy bien. Pero ni se va ni cesa de hablar sin parar. playaAl final dejamos que nos lleve al resort Paradise Beach, que curiosamente tiene otro nombre y es de su prima. Estamos en un conjunto de cabañas en una playa absolutamente desierta a más de un kilómetro de cualquier atisbo de civilización. Pero no podemos discutir más. Exhaustos alquilamos una cabaña. El joven nos pide dinero por llevarnos allí. Mucho dinero. No acepta menos. La cosa se va poniendo violenta y le cerramos la puerta en las narices. Nada parece real. Necesitamos dormir…

Cuando despertamos de la siesta está anocheciendo. Descubrimos que estamos en una playa fantasma y que en agosto no hay turistas en Paradise Beach. Un rasta tan fumado que apenas puede hablar se acerca y nos dice que él se quedará para protegernos. Que es temporada baja y no va nadie por allí. El restaurante, ni que decir tiene, está cerrado. Segundo día sin cenar. La playa no será ese romántico descanso que soñábamos. Más bien es nuestro castigo.

Y así, pasando la noche en vela y saltando el corazón con cada ruido, llega a su fin el descenso a la infernal y deshabitada Paradise Beach. Protegidos, eso sí, por un discípulo de Bob Marley y por una puerta que se puede romper de una patada. Nosotros, dos blancos millonarios -como todos los blancos, ¿no?- solos en ningún lugar. Un blanco perfecto, nunca mejor dicho, para ser atacados, robados, agredidos, etc. Afortunadamente no pasó nada, amaneció y abandonamos rápidamente el país. Pero he de confesar que nunca he pasado tanto miedo, salvo aquella vez que estuve a punto de traficar con diamantes en Jaipur y me persiguió la mafia india, pero esa es otra historia… 

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19 comentarios to “PARADISE BEACH (o el descenso a los infiernos gambianos)”

  1. Kaimpo Says:

    me ha molado mazo tu pelicula de gambia, me recuerda cosas similares vividas en india

  2. may Says:

    debes de tener mucha mala pata, porque nosotros hemos estado en gambia y hemos conocido su gente, que exceptuando en en norte, es maravillosa, amable,…la sonrisa de africa!
    es el mejor viaje que he hecho nunca y tengo muchas ganas de volver!!
    todo es mirarlo desde diferentes puntos de vista…es otra cultura, y sí, tienen un instinto de supervivencia que les hace pedir donde ven que pueden sacar, pero es cuestion de paciencia y buen humor…y no pasa nada, no problem…everybody happy!!

  3. yolareinaroja Says:

    Sí, Al, parece que eso diferencia a los dos gremios (al menos conmigo has acertado).

  4. cemo Says:

    cierto que has enido mala suerte tio, cierto es que antes de viajar tienes que informarte de que es lo que hay. Cassamace sigue siendo Africa y lo que te ibas a encontrar es parecido o peor. Yo he estado en Gambia muchas veces y yo disfrutaria otra vez de esa experiencia, si quieres finuras vete a Paris.

  5. Miquel Says:

    Hola Alberto, buenas aventuras, jejjee.
    Te invitamos a que te crees un blog en http://www.morvedreblogs.es, si quieres puedes importar tus entradas, categorias y todo allí.

    Si necesitas algo envianos un mail.

    Un saludo
    Miquel.

  6. patricia Says:

    Hola Alberto, es genial leer tus experiencias como viajero!! aunque supongo que cada viaje es diferente aunque vayas al mismo pais de nuevo.
    Quiero irme a Gambia no se porque extraña razón… quiero pensar en el buen rollo y en un buen viaje.
    así k genial agradezco tus consejos!!! pero espero k en mi experiencia tenga un grado increible de positivismo y sea un experiencia marrrravvvillosa

    un abrazo
    patricia

  7. kaddy Says:

    hola alberto tu historya a sido asin porke tu kisiste ki fuera asin cuando te ibas a gambia kreias k te ivas al pueblo de al lado o ke??? para ir a gambia o en cualquier sitio tienes k ir imformado

  8. Rodrigo Says:

    Yo estuve 3 meses en Banjul, trabajando en el sistema GSM, y Gambia y su gente me resultaron increibles, jamas tuve problemas.
    es un pais maravilloso, volveria sin pensarlo..

  9. angela Says:

    Pues yo he estado una semana en gambia este verano y la verdad es q me ha encantado. Ha sido una experiencia realmente fascinante…Lo q ocurre es q africa no es un destino para todo el mundo…Hay q ser “openminded” para entender su cultura, su tipo de vida…sobretodo hay q ir bien informado, y saber q africa no es europa, lo cual es muy obvio pero al final a mucha gente se le olvida…es otro mundo y ese es precisamente su encanto…la verdad, alberto, creo q si hubieras ido con una actitud mas positiva no te habria ido tan mal…pero bueno, esta claro q cada uno vive las cosas a su manera. En cualquier caso, espero q tengas mas suerte en tu proximo viaje, q los viajes son para disfrutar! un beso.

  10. momo Says:

    Que cantidad de barbaridades he leido aquí, vaya crónica más desastrosa. No sé que hacías por Africa, tu sitio estaba en Eurodisney. ¡Gambia no pasa nada!

  11. Ainhoa Says:

    Hola Alberto, me ha impresionado tu relato O_o pero no me coge de sorpresa… Un buen amigo mío viajó a Senegal y Gambia este verano… y vino hablando mal del país, del viaje, de todo….. O tuvisteis mala suerte, o se equivocaron de destino!! Conozco muchas personas que han ido, y les ha encantado…. Tendrás que volver para probar!! jajaja pero eso sí.. no te quedes en el Paradaise Beach!!!
    Me gustó la frase que pusiste “el dinero decide más fronteras que las lenguas y las culturas”….
    Tengo África “idealizada” y me cuesta oir a viajeros descontentos con su encuentro.. pero me gustó lo que leí…
    Suerte en el próximo destino!

  12. Alberto Torres Blandina Says:

    A veces un viaje sale bien y a veces mal. Mis relatos del país dogón malí o de Isla Gorée en Senegal (por citar dos ejemplos africanos) son mucho menos trauméticos. Adoro Malí y me gustó Senegal. Por desgracia no me gustó Gambia (los pocos días que estuve, claro, y en las condiciones que he descrito). Leyendo algunos de los comentarios a este post da la sensación de que, o te encantan todos los países exóticos o eres un dominguero. No seáis tan radicales, venga, que las cosas no son blancas o negras. Y yo sólo cuento mi experiencia, personal e intransferible, no intento hacer canon. Ojalá hubiese sido fantástica…

  13. Lara Says:

    Hola, no te conozco de nada, he llegado por casualidad a tu relato de Gambia y he leído las críticas hacia tu actitud q hacen algunos comentarios. Aunque sólo sea por compensar, te diré que, al margen de anécdotas -cada cual vive las suyas-, me identifico en la esencia de lo que intentabas transmitir. No seré yo quien niegue el atractivo de África, escribo desde el sur de Mauritania donde vivo y trabajo hace unos meses y desde donde cruzo a Senegal de vez en cuando para, cuanto menos, despejar neuronas con una cerveza, inexistente aquí. Pero tampoco seré yo la que niegue evidencias como el malestar que uno puede sentir en un taxibrousse de 7 plazas donde en realidad vamos diez o el que en un momento dado nos traten a los “tubag” como sinónimo de “estetienedinerovamosaverquelesacamos”. Y el que estas situaciones, cotidianas y normales aquí, molesten a una no es óbice para, al mismo tiempo, reconocer como tú muy bien decias, que ni todo es blanco ni negro. Apuesto por los grises. Salut

  14. sandra Says:

    Alberto, yo tambien he viajado mucho, no por Africa, pero sí por Asia… entiendo lo que quieres decir, porque me pasa con algunas ciudades de India, por ejemplo Delhi, es una sensación de amor-odio…por cierto, después de tanto viajar,decidí ir a vivir a Suécia…jajaja

  15. paola Says:

    tío, lo siento, eres un chico blanco burgués que no tiene idea de la vida real, jajaja, me imagino que has vivido sólo en estas ciudades europeas, con un excesivo control social, donde realmente no ocurre nada, más que turistas obesos haciendo escándalo y tomando birra en la calle, y personas anuladas por el capitalismo, consumiendo todo el día, concuerdo con momo también he leído una cantidad de barbaridades impresionantes aquí…pobrecito tanto que lo han acosado, por eso has tenido tanto miedo, porque no tienes herramientas para defenderte en sitios de la vida real, realmente creo que no sabrías que hacer en los verdaderos centros del caos, en ciudades como bogotá o en una favela en río de janeiro.

  16. Daniel Says:

    Me encanta un dicho popular que dice: “Si en lugar de esperar, simplemente aceptaras, te llevarías muchas menos decepciones”

  17. jesus marco Says:

    hola alberto…acabo de ver tu blog… lo leeré detenidamente

    te dejo el mio con mi experiencia gambiana

    http://www.cooperantebajakunda@blogspot.com

    jesús

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