HOLMSBU [noruega]

cisnes

La naturaleza y los ciclos naturales rigen la vida en este pequeño pueblo noruego del fiordo de Drammen

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Martina viene a la estación a recogerte. Habías escuchado hablar de ella. De la hija del tío Eladio que se fue a vivir a Noruega. Pero no la conocías y apenas sabías nada. Que nació en Alemania –país al que tu tío-abuelo fue a trabajar y convirtió en su hogar- y que ahora vive en un pueblecito noruego con su marido y sus hijos. Montas en el coche de montaña. Será difícil ver coches que no sean de montaña. Desde el primer instante eres consciente de que este país vive totalmente inmerso en la naturaleza. Se han adaptado a ella en lugar de intentar doblegarla. Holmsbu es un buen ejemplo. Es un pueblo asentado en pequeñas colinas junto al fiordo de Drammen. No hay vayas entre las diferentes casas de madera. Entre vivienda y vivienda sólo la naturaleza salvaje. Apenas asfalto, hormigón o ladrillo. Los noruegos parecen odiar estos materiales.

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Estáis desayunando. De pronto Sofía, la hija más pequeña, se levanta de un salto. Señala el cielo que se ve inmenso desde la ventana. Abre la puerta y sale al balcón gritando eufórica algo que no comprendes. Todos la seguimos. Fuera hace mucho frío pero a nadie parece importarle. Martina también se muestra excitada. Te señala una bandada de pájaros. Hay muchísimos y vuelan en forma de cuña. Te dice que están volando hacia el sur, que eso significa que va a comenzar la primavera. Es un acontecimiento importante, te dice. La primavera es corta pero en este país se la espera con expectación. Volvéis a entrar. Te untas mermelada de moras en el pan. La ha hecho Martina. Tiene un pequeño jardín de frutos del bosque junto a la parte trasera de la casa. También el pan lo ha hecho ella misma. Y el zumo es natural, por supuesto. Quizá más tarde venga el pescador del pueblo y les traiga algún ejemplar recién pescado. O quizá vayan al gallinero y recojan unos cuantos huevos. Estás feliz de estar aquí. En tu país la primavera la señalan los carteles de las tiendas de moda anunciando la nueva temporada. Los alimentos se encuentran en las estanterías de los supermercados. holmsbu2

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La prima Jelena os lleva por el sendero azul que sigue el perfil del fiordo. Entre árboles, acantilados y cabañas. Tiene dieciocho años y quiere estudiar teatro en Alemania. Acaba de llegar de Guatemala y ha aprendido a hablar en español. Dice que cuando su abuelo Eladio la escuche se pondrá muy contento. A lo lejos aparece un pequeño faro. Los fiordos son difíciles de navegar, te cuenta. En el pasado muchos hombres de la zona se dedicaban a hacer de guías. Cuando veían un barco se lanzaban con su bote al mar. El primero en llegar a cubierta era contratado por los marineros y les mostraba la ruta a seguir para no encallar.

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Este año los vecinos les han explicado una nueva forma de pintar los huevos de pascua: hirviéndolos con cebollas para que la cáscara tome un color rojizo y dibujando después sobre la superficie con zumo de limón. Te ofrecen un huevo y te explican el proceso. Todos comenzáis entonces a decorarlos con arabescos y dibujos de todo tipo. La pequeña Sofía está muy emocionada. Va colgando los huevos acabados en un ramillete de ramas secas dispuestas para la ocasión. Hasta que el pequeño árbol queda finalmente listo. Mañana por la mañana ella se levantará pronto y saldrá al jardín a buscar los huevos de chocolate que el conejo de pascua habrá escondido allí.

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Las puestas de sol son larguísimas en esta latitud. Es un espectáculo impresionante. Te han dicho que en verano pueden durar varias horas. crepusculoMiras el paisaje desde la ventana. Las cabañas de colores. Las colinas. El fiordo reflejando los rayos de un sol que no se decide a esconderse, inundándolo todo con sus tonalidades crepusculares. Te imaginas de pronto un barco sobre las aguas. Un drakkar como los que has visto en el museo de barcos vikingos de Oslo. Ellos creían que el Ragnarok o fin del mundo llegaría cuando el lobo Fenrir se tragase el sol. Entonces la noche sería eterna y ni siquiera Odín podría librarles de la oscuridad.

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Con el coche os alejáis de Holmsbu. Martina señala a la derecha de la carretera la escuela donde ha comenzado a trabajar. Está junto a un lago helado al que llevan a los niños a patinar. Dice que ahora es peligroso hacerlo porque está llegando la primavera, así que salen a pasear sobre la nieve con esquís de travesía. Es maestra y ha comenzado a trabajar porque Sofía ya tiene ocho años. Hasta ahora la había educado en casa, así como a otras niñas de la zona. En Noruega tú puedes educar a tus propios hijos. Martina cree que es la mejor forma de educarlos. No entiende que en España sea obligatorio escolarizar a los niños pequeños. Os detenéis. A partir de ahora seguiréis caminando por un sendero nevado que lleva a la costa. A una playa salvaje donde crecen cientos de rosales. Le preguntas qué son las bolsas que cuelgan de los árboles. Te dice que es comida para los alces. Así se evita que salgan a la carretera y sean atropellados. Sofía te señala una huella sobre el barro. Su madre te dice que con un poco de suerte podréis ver alguno. Son animales muy especiales, comenta, parece que en lugar de correr floten sobre el terreno.

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La última noche que pasas en Noruega es tu cumpleaños. Martina hace una tarta de frutas y todos te cantan cumpleaños feliz. Es curioso recorrer tantos kilómetros para encontrar el calor de la familia en unos desconocidos. Te sientes más cerca de ellos que de la mayoría de tus familiares de España. Te quedarías más días. Para aprender a hacer mermelada de fresas. Para pasear cada día por el bosque y ver por fin un alce. Para pasar más veladas sentados alrededor de la caldera de piedra natural, hablando con Sofía sobre sus compañeros del colegio, con Jelena sobre esos países del mundo que habéis visitado o queréis visitar, escuchando a Martina comentar con ironía la cultura y costumbres de los noruegos –a las que esta germano-española no acaba de acostumbrarse-. Silencio. Ahora empieza a relatar la historia de Peer Gynt, el mito más nacional. “Peer Gynt era un joven que no creía en nada ni en nadie, que se dejaba llevar por sus instintos egoístas y siempre huía de los problemas. Un buen día dejó su casa y partió en busca de aventuras…  

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Una respuesta to “HOLMSBU [noruega]”

  1. Lülla Says:

    ¡Hey! Me tendrás que contar algo, ¿no? Anda, envíame un email, Alberto, a ver qué es eso que no te hace parar un momento.

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