POKHARA [nepal]

   Entre montañas y francotiradores

pokhara0

machhapuchhre. donga. phewa tal. momo. baidam. rupia. vahari temple. héroes del silencio: bendecida. devin fall. sarangkot. gyanendra. bindyabasini.  

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Omar es un traveler de Barcelona. Tiene 23 años y lleva dos viajando por el sur de Asia. Viaja solo porque dice que no quiere depender del ritmo de otra persona. Es la única forma de ser libre. Lo invitas a comer en tu hotel y acaba gritando a los camareros en hindi. Ha olvidado que tú eres turista y por lo tanto te cobran precio de turista. Él hace tiempo que exige local price. Esa tarde la pasáis juntos. Os bañáis en una acequia junto a un grupo de niños que os observan entre risas. Te lleva a un sendero en el que crecen enormes plantas de marihuana de forma salvaje. Te enseña en qué fuentes puedes beber sin peligro y te habla con nostalgia de Pakistán, país del que parece enamorado. A pesar de que debía esconder mi coleta y mis tatuajes debajo de la ropa, te explica. Te cuenta historias de otros viajeros. Del venezolano que llegó desde China en bicicleta y en la frontera de Pakistán lo retuvieron porque no creían que Venezuela fuera un país. Dos días después llegó una niña del colegio con un atlas. Venezuela existía. Pasaporte correcto. Puede pasar. Os separáis. Omar se quedará un mes en esta pequeña ciudad entre montañas donde tú ya no sabes qué hacer. Por tu parte, seguirás la ruta planeada con ayuda de una guía. Él te dice que a veces compra guías para ver qué ciudades recomiendan y no ir. Te dice que en tres días no se ve una ciudad, no se interioriza su ritmo cotidiano. Tú le respondes que no sabrías que hacer un mes solo: yo no me caigo tan bien, bromeas. No podrías estar tanto tiempo solo sin moverte. Acabarías escapándote cualquier noche. De puntillas mientras duermes para no despertarte. Omar parece defraudado. Al final eres sólo un turista más. Os despedís. No le dices que estás deseando llegar al hotel porque tiene tele. Llevas mucho tiempo sin verla y, aunque te avergüence, te apetece hacerlo.   

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Te sientas junto al diminuto embarcadero del lago Phewa. Los barqueros ya no te insisten para llevarte al templo Vahari en barca. Se han acostumbrado a verte allí varias veces al día. Te saludan y te piden un cigarro que no llevas. Uno de ellos está intentando sacar a flote una barca que la lluvia de la noche ha hundido. Un poco más allá algunas mujeres con sus vestidos rojos siegan el campo y van colocando la hierba cortada en grandes cestas de mimbre que llevan a la espalda. Al otro lado las montañas recortando el cielo. Siempre las montañas. Escuchas un bostezo. Te giras. A unos dos metros de ti hay un muro con una ventanita donde hace guardia un francotirador. El militar observa lo mismo que tú, lavandoaunque sus bostezos continuos te indican que ya no le sorprende el espectacular paisaje. Ayer quisiste venir al lago por la noche y un militar te avisó fusil en mano del toque de queda. Tal vez fue este. Tal vez otro. Hay decenas de patrullas, controles de carreteras y vehículos militares por los alrededores. Es una imagen cotidiana de Nepal. No altera el hacer cotidiano de la ciudad. Tras el impacto inicial tampoco el tuyo.  

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Caminas por un sendero hacia la cima de la montaña donde se asienta una stupa budista de blanco y oro. Tres adolescentes nepalís se unen a ti. Te hablan e interrogan sin parar pero no son simpáticos. Sólo dicen tonterías propias de su corta edad y ríen histriónicamente. Te preguntas qué quieren pero no logras averiguarlo. Al final consigues deshacerte de ellos. La stupa es diminuta, pero desde allí se ve todo el valle y el lago. Intentas ver los picos del Himalaya, pero no lo consigues. Es en octubre cuando aparecen imponentes, no en agosto. Sin embargo ves al menos cinco cadenas montañosas, una tras otra, difuminándose cada una más que la anterior. Los adolescentes están ahora con una pareja de turistas. Un vendedor de souvenirs comienza a gritarles pero no le oyen y se alejan montaña abajo. Te acercas. El vendedor te dice que algunos jóvenes intentan llevar a los turistas por senderos poco transitados, donde se esconden ladrones con machetes enormes. Te preguntas si esos adolescentes con granos y risa fácil serán los mismos de los que te habla el hombre. Lo dudas.   

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Los vendedores te llaman desde las tiendas de ropa, telas, plata, restaurantes… Intentan atraer tu atención. Te has dado cuenta de que hay menos turistas que tiendas. mirador2Te sorprende. Antes era diferente, te dice un vendedor de plata, antes había mucho turismo y esta tobillera la vendía por el triple de lo que te pido. No le preguntas si la culpa es de los maoístas o del rey. Él tampoco dice nada. En una tienda de ropa la joven dependienta se prueba las faldas que le vas pidiendo, disimulando mal su coquetería. Cuando te decides por una te dice que no debes querer mucho a tu chica para regalarle algo así. Te aconseja otra. Te dice que ella tiene una parecida para los días de fiesta. Intentas explicarle que es preciosa pero que es demasiado nepalí para llevarla en Europa. Le das una propina y te llevas la falda que has elegido. Cuando llegas al hotel todos los trabajadores están en recepción viendo una película de Bollywood donde una india exuberante canta y baila. Te dicen que les gusta el cine y la música india. Después de haber visto los canales nepalís entiendes por qué. Te sientas con ellos. Te ofrecen un chai. Por supuesto lo aceptas. 

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La camarera se sienta en la mesa de al lado. Es muy gorda y tiene rasgos indios. Apenas habla inglés. Te explica que es cristiana. Te sorprende. Hace gesto de rezar, mira al cielo, se toca el corazón. Dice como puede que cada quince días un autobús la lleva a la iglesia más cercana, donde va a misa con otros cristianos. Le preguntas si es normal. Te dice que no, que la mayoría son hinduistas o musulmanes. niñosTe sorprende saber que la religión mayoritaria no es el budismo. La camarera no deja de sonreír. Su sonrisa muestra un montón de cosas que quisiera decirte pero no sabe cómo hacerlo. Tú también le sonríes. De alguna forma sigue abierta una comunicación sin palabras. Te siente su hermano de religión. Ni se te pasa por la cabeza decirle que no crees en ese dios europeo al que ella cada quince días va a adorar. Es un momento bonito que vale la pena no estropear. Seguís sonriendo. 

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Alquilas una moto para acercarte a los himalayas y poder fotografiar sus picos. En cuanto te alejas del valle de Pokhara los puertos de montaña se suceden sin descanso. himalayaTambién los paisajes, verdes y encrespados. Nunca habías visto algo así. A medio día paras en una pequeña ciudad. Comes un una sucia cantina donde no hablan inglés y todos te miran divertidos. Decides volver antes de que se haga de noche sin haber conseguido ver los picos. Es en octubre cuando se ven, te repites. Ya te has hecho a la idea de que la foto de los tresmiles no estará junto a las del resto del viaje. Sin embargo has hecho más de dos carretes de campos, ríos y montañas. Naturaleza salvaje. Al día siguiente te levantas a las 5 para coger el autobús de vuelta a Kathmandu. Sin saber ni cómo están ahí, las siluetas que llevas varios días buscando. Reconoces el Annapurna y el Machhapuchhre, el pico en forma de cola de pez. Es el último regalo antes de marcharte. Las montañas que tocan el cielo.  

trinchera lago mirador vieja

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4 comentarios to “POKHARA [nepal]”

  1. pamela Says:

    Me encanta Nepal , es muy bello … q lastima q estoy muy lejos de conocerlo … las fotos muy reveladoras de bellaza

  2. mónica Says:

    quiero tocarlooooooo, oler nepal, algún día como en un sueño, viajar.

  3. Qlara Qazallas Says:

    Hi dear…
    comment ça va?
    pues ya sé que ya hace de esta incursión nepalí, pero la he leído ahora por que tengo un deseo, cruzo los dedos… que quiere cumplir: currar un anyo, por lo menos, en la Facu de Katmandú…
    Anda cuéntame más… a parte del viaje que ya me he pegado leyéndote.
    Besets des de les Antipodes,
    Qla

  4. Qlara Qazallas Says:

    sí, bueno… y sigo con la confusión de los por qué? y porque… esta pregunta o respuesta? sin sentido? me turba los sentidos ortográficos…

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